editorial

Como atascados ahí, en un cuello de botella, es quizá la descripción que mejor calza para los libros de cuentos, novelas, ensayos, que fueron rebotados poco más de quince veces por cualquiera de las editoriales del país, o están agotados después de tiradas cortas, y son inhallables, libros de autorxs a lxs que no lxs conoce nadie, que no tienen contactos en editoriales ni saben a quién dirigir el sobre con el manuscrito, autorxs que, quizá, sean de la mejor prosa en lengua española. Acá en Latinoamérica. A esta altura del sistema, ya sabemos, la calidad de un libro poco tiene que ver con su prensa. Y viceversa. Los autorxs desconocidos no son necesariamente desechables y pocos conocidos pueden jactarse de ser necesariamente lo contrario. Entonces, lo que parece obvio: a la legitimidad de una obra se la construye. Se la enfatiza, se la oferta, se la hace tragar. A fuerza de reseña y foto grande en los suplementos, a fuerza de artículos y tapa en la revista del domingo. Al fin de cuentas, es ideológico. Alguien decide qué libros circulan, y cuáles, no. Tal como están las cosas, fortalecer nuestros sistemas críticos (o activarlos, reinventarlos), publicar reseñas sin hacerle favores a nadie, insistir en los posicionamientos de la lectura, en la importancia de la formación de editores (como editores) nos parece lo más sensato. Entonces, aún sabiendo que (es estimado) el 30% de lxs argentinxs no tiene acceso a Internet, y que la promoción de libros y autorxs se queda corta ante el semianalfabetismo estructural de América Latina, creemos que hay libros nuevos que cuestionan, que se animan a pensar nuestra lengua, y el mundo que nos toca. Libros que, en general, no circulan. O circulan poco. Autorxs que reflexionan críticamente sobre el acto de escribir y sobre escribir narrativa en Argentina. Libros que refieren, que nos dialogan, que no ceden a la facilidad ni la chatura. Libros que fundan en nuestra paridad, en la misma lengua y en el mismo territorio. Invertir la ecuación señalada arriba es nuestro ánimo, porque a pesar de todo, a pesar del contexto, del capitalismo y, quizá también, de los astros, a pesar de todo y al fin de cuentas, somos lxs escritorxs lxs primerxs responsables del estado de nuestras literaturas nacionales.